La historia de la baliza V16: de una idea para salvar vidas a ser obligatoria en España

La historia de la baliza V16: de una idea para salvar vidas a ser obligatoria en España

Ha llegado el momento, desde que comenzara 2026, la señalización de una avería en carretera en España ya no es la misma. Los triángulos han pasado definitivamente a la historia y la baliza V16 se ha convertido en el único sistema legal para advertir de un vehículo detenido. Pero detrás de esta obligación hay mucho más que una norma: hay una historia real, profundamente humana, que explica el origen de la baliza V16 y por qué hoy es una pieza clave de la seguridad vial.

Si conduces, esta historia también es la tuya.

El origen de la baliza V16: cuando la seguridad vial aún dependía de los triángulos

Hasta hace no tanto, la seguridad de un conductor averiado dependía de una decisión peligrosa: bajarse del coche y caminar por el arcén para colocar los triángulos. Esa maniobra, aparentemente rutinaria, ha sido durante años una de las principales causas de atropellos en carretera.

Es en ese contexto donde cobra sentido preguntarse cómo surgió la baliza V16 y, sobre todo, por qué se creó la baliza V16. La respuesta no nace de un despacho ni de una normativa, sino de la experiencia directa en carretera.

A finales de los años 90, Jorge Torre, entonces miembro de la Guardia Civil, observaba un utensilio recurrente en los vehículos policiales camuflados: las luces de emergencia. Sin embargo, esas balizas eran incómodas, dependían de cables conectados al mechero y se activaban de forma poco segura. Aquellas luces no estaban pensadas para proteger al ocupante del vehículo.

Pero de esa observación surgió una pregunta aparentemente sencilla, pero revolucionaria:

¿Y si cualquier conductor pudiera señalizar una emergencia sin bajarse del coche?

Ahí comienza realmente el origen de la baliza V16.

De invento a solución real: así se desarrolló la primera baliza conectada

Como ocurre con muchas grandes innovaciones, la historia de la baliza V16 no empezó con un producto acabado, sino con prototipos casi artesanales. Imán, lámparas, pilas de 9 voltios, pruebas nocturnas y muchas horas de ensayo y error.

Jorge Torre, con una clara vocación inventora, se propuso resolver varios problemas a la vez:

  • Eliminar cables.

  • Garantizar una activación inmediata.

  • Asegurar visibilidad a gran distancia.

  • Evitar cualquier dependencia del estado del vehículo.

Pronto se sumó al proyecto Jorge Costas, aportando una visión complementaria y una determinación común. Así nacería Help Flash, de la mano de "los jorges", una dupla que acabaría marcando un antes y un después en la señalización de emergencias.

Uno de los grandes hitos técnicos de Help Flash fue el desarrollo de un sistema de activación automática por inducción magnética, capaz de encender la luz al colocarla sobre el techo del coche. No había interruptores, no había dudas: contacto y funcionamiento inmediato.

Ese avance permitió algo clave para cualquier luz de emergencia coche moderna: rapidez, simplicidad y seguridad en un momento crítico.

Cómo una innovación española acabó marcando el estándar de la DGT

La evolución de la baliza V16 fue lenta, deliberada y profundamente técnica. Entre 1998 y 2013 se sucedieron distintas fases de prototipado, pruebas de potencia lumínica, ensayos climáticos y mejoras en la señal visual.

En 2009 se logró un hito mundial: la primera baliza completamente automática, capaz de ofrecer una señal visible, reconocible y estable usando únicamente una pila comercial. Más adelante llegó el característico triple destello secuencial, fácilmente identificable como señal de peligro.

Ese recorrido culminó en 2016 con las primeras producciones industriales de Help Flash y, poco después, con algo impensable años atrás: la Administración empezó a observar el dispositivo no como una alternativa, sino como un nuevo estándar.

En 2018 se reguló oficialmente la señal V16. En 2019 llegaron las homologaciones más exigentes. Y en 2026, la norma ya es una realidad: los triángulos han sido sustituidos y la baliza V16 conectada ya es obligatoria.

No es casualidad que este estándar nazca en España. Como reconocen numerosas publicaciones, estamos ante un verdadero “made in Spain” que ha terminado influyendo incluso fuera de nuestras fronteras  .

De proyecto pionero a referencia en seguridad vial

Hoy, hablar de cómo surgió la baliza V16 es hablar de un proyecto que nunca persiguió el beneficio rápido. Los propios creadores lo han explicado con claridad: no se trata de hacerse millonarios, sino de haber hecho lo correcto.

Las cifras de siniestralidad avalan esa decisión. Mientras otros accidentes disminuían, los atropellos vinculados a la colocación de triángulos se mantenían. Esa realidad reforzó la convicción de Jorge Torre de que el camino era el correcto.

Con el tiempo, la tecnología dio un paso más. La conectividad permitió que la baliza no solo se viera, sino que avisara automáticamente de la posición del vehículo detenido. Esa evolución culmina hoy en dispositivos como Help Flash IoT+, considerada la baliza más potente del mercado y plenamente adaptada a la normativa vigente.

Tras el origen de la baliza V16, desde el 1 de enero ya no es una promesa de seguridad vial: es una herramienta real que protege a millones de conductores cada día.

Una idea nacida en carretera que hoy salva vidas

El origen de la baliza V16 demuestra que las grandes mejoras en seguridad vial no nacen de la improvisación, sino de observar un problema real y dedicar años a resolverlo bien.

Lo que empezó como un prototipo casero en Galicia, impulsado por Jorge Torre y Jorge Costas, los jorges, ha acabado cambiando la forma en la que señalizas una avería en España. Hoy no necesitas caminar por el arcén ni exponerte al tráfico: colocas la baliza y te mantienes a salvo.

Si conduces, esta no es solo una historia de innovación. Es la prueba de que una luz de emergencia coche bien pensada puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.

Y ahora que la normativa ya está en vigor, entender su historia es también una forma de valorar por qué existe.